Cuando lo imposible se quiere meter en nuestra realidad
Nadie ignora que las sombras de las grietas y las manchas de humedad dibujan rostros en las paredes. Los perros buscan y esperan perros. Los humanos buscamos y esperamos humanos. Tal vez por eso creemos ver caras en el tejido de ladrillos, con el verdín asomando entre ellos, o en el despliegue invasor de la trepadora que se adhiere y se extiende como brazos delgados, como pinceladas que se esfuman hasta el extremo de la última hoja. Cada grieta de la pared dibujando ojos y bocas, miradas de asombro desde agujeros con telarañas, perfiles extraños de desconocidos, gnomos, monstruos o ángeles. Esas figuras cambian según la luz del sol, las nieblas de la noche o lo que uno quiera ver en ellas.
Solíamos buscar esas formas donde cada trozo de mampostería que saltaba dejaba al descubierto el tejido de ladrillos que de a poco era fileteado por el verdín que lo invadía. Félix buscaba su carpeta de bocetos, y reproducía los dibujos. Solía decir que eran sus mejores cuadros y yo lo ayudaba a identificar los nuevos.
Sigo buscándolos hoy, aunque Félix ya no está, y Cardo husmea detrás de mí, y se queda absorto mirando los rostros, y les habla en su idioma de perro, con esos gemidos guturales expresivos. Luego me mira y algo me dice, y vuelve los ojos a los rostros y les habla.
Él me adoptó a los pocos días de la muerte de Félix.
Ya sin lágrimas, mi vida seguía las rutinas obligatorias de cada día, sumando actividades para llegar cada vez más tarde a casa.
Una noche, al regresar al nido vacío, cuando colocaba la llave en la cerradura, escuché sus palabras de perro. Ahí estaba, confundido con las sombras, solitario y necesitado de afecto, como yo. Nos miramos a los ojos y le dije:
-Vamos, entremos- y lo llamé Cardo.
-Vamos, entremos Cardo.
El se adelantó y comenzó a recorrer cada rincón, olfateando y hablando; todo el tiempo Cardo decía cosas, olía las patas de la mesa, las pantuflas de Félix, su piyama doblado sobre la almohada, su pipa en la mesita de luz, y hablaba y yo le decía:
-No toques nada, Cardo, cuidado con esa pipa, no se te ocurra subir a la cama y basta de oler el piyama de Felix.
Fue muy bueno que él me adoptara y que por sus palabras yo supiera que le soy grata. Y fue terrible que él insistiera en ocupar en mi cama el sitio vacío. Yo se lo prohibía, y él simulaba aceptar, se tendía sobre la alfombra y esperaba a que yo me durmiera para subir sigiloso. Simulé respirar profundo como si durmiera, y ahí lo descubrí.
Entre las cosas de mi pareja, estaba el collar del otro Cardo, el amigo que Félix había tenido, que murió antes de que nos fuéramos a vivir juntos, y al que él se refería con ternura. Ese collar estaba colgado de un clavo junto a la puerta de calle. Ahí lo había puesto Félix como homenaje a su Cardo, y mi Cardo se sentaba a mirarlo fijo, como esperando que descendiera y se le colocara solo.
- Así que te llevaban de paseo con collar, así que me estás pidiendo que te lleve conmigo, vamos entonces.
Al pronunciar "Vamos", Cardo se para en dos patas y me ofrece su cabeza, seguro de lo que ocurrirá luego.
Las palabras que Cardo entiende son: vamos, correte, papa rica, no, vení, abajo, lindo, conmigo, gato no, flor no y muchas otras.
Se da cuenta cuando hablo de él, porque sabe que él es Cardo, el perro, mi perro, el can, el tipito, el que te dije, y ya casi no sé cómo referirme a él cuando hablo con alguien, sin que se de cuenta. Sabe agacharse y avanzar arrastrando la panza cuando le digo: extrachato, y cuando estoy triste sin remedio, se pone frente a mí, y me mira, sólo me mira, y después de un rato de mirarme por dentro, se para en dos patas y me apoya las manos en el pecho. Y yo entiendo que me está diciendo: no estés triste, olvida lo que estás pensando, el pasado dejó de existir, el ahora también es importante, salgamos a dar una vuelta, salgamos a correr, necesitamos oxigenarnos, el parque es tan lindo, llevemos música y algo rico de comer, deja que me ensucie, y ya ponte a hacer esos ejercicios excelentes sobre el pasto húmedo, tengo ganas de ver y oler otros perros, y juro que no me voy a pelear con ellos. Vamos. ¡Vamos!
Todo fue normal en nuestras vidas, tristes pero con la belleza de lo sincero y profundo, hasta que ocurrió aquello. Regresaba de mi trabajo y tenía prisa porque lo dejaba solo y encerrado varias horas. El había logrado abrir la ventana y estaba a contraluz, con las manos apoyadas en el alféizar. La postura era -o me pareció- idéntica a la que acostumbraba a asumir Félix por las mañanas.
Me desmayé. Abrí los ojos y Cardo me lamía la mejilla.
Arrastrando su collar comenzó a ir y venir hasta la puerta de calle como diciendo salgamos de aquí, vayamos a lo real.
Y qué es lo real, me pregunto. Es posible que Cardo pudiera abrir la ventana mal cerrada, pero no es posible que pudiera descolgar el collar, colocárselo y ajustarlo a su medida.
Entonces, cómo lo hizo, o debería preguntar quién lo hizo, y por qué les habla a los dibujos de la pared y luego huele la carpeta de bocetos, y el cuándo tiene que ver con ese momento en que todas las defensas de lo temporal están ausentes, y lo otro, lo que no es de este mundo, puede manifestarse libremente, sin límites de tiempo y lugar.
Los límites entre la fantasía y la realidad desaparecen cuando a mis preguntas de quién, cómo y cuándo, esperando una loca respuesta me oigo preguntar:
-¿Felix? ¿Si?
Para conocer al pintor, al escritor, sólo debes detenerte en su obra. Siempre se trabaja alrededor de la propia vida. Ahí va lo mío.
domingo, 24 de enero de 2010
ANTES DE QUEJARME
Por toda la tierra habitada hay tendida una red de ... relaciones, de tal manera, que nadie puede realmente permanecer fuera de ella, y sólo el invisible laberinto de los hilos que corren de todos a todos convierte en casualidad la ley del enlace.
Jacobo Wassermann
Acerca del Argot y los humildes, dice Fulcanelli:
“... Todavía en nuestros días, los humildes, los miserables, hablan el argot, ese dialecto maldito explusado de la alta sociedad de los nobles, que lo son tan poco, y de los burgueses bien cebados y bienintencionados, envueltos en el armiño de su ignorancia y de su fatuidad.
El argot ha quedado en lenguaje de una minoría de individuos que viven fuera de las leyes dictadas, de las convenciones, de los usos y del protocolo, y a los que se aplica el epíteto de voyous, es decir, videntes, y la todavía más expresiva de hijos o criaturas del sol. El arte gótico es, en efecto, el ar got... el arte de la Luz o el Espíritu.
Jacobo Wassermann
Acerca del Argot y los humildes, dice Fulcanelli:
“... Todavía en nuestros días, los humildes, los miserables, hablan el argot, ese dialecto maldito explusado de la alta sociedad de los nobles, que lo son tan poco, y de los burgueses bien cebados y bienintencionados, envueltos en el armiño de su ignorancia y de su fatuidad.
El argot ha quedado en lenguaje de una minoría de individuos que viven fuera de las leyes dictadas, de las convenciones, de los usos y del protocolo, y a los que se aplica el epíteto de voyous, es decir, videntes, y la todavía más expresiva de hijos o criaturas del sol. El arte gótico es, en efecto, el ar got... el arte de la Luz o el Espíritu.
sábado, 9 de enero de 2010
SIGO
Sigo a pesar de los ángeles decapitados
Los témpanos negros
Catedrales violadas
Talismanes perdidos.
Sigo pese a los increíbles silencios,
Violines del norte
Neviscas del sur,
Con un sístole de
Antorchas despistadas
Y un diástole de
Madreperlas descubiertas.
Acá estamos todos.
Es posible que amanezca todavía.
Es posible aún que vuelva Eos
Con sus rosados dedos.
Todo es posible.
Pueden bajar las negras aguas, todavía.
SIEMPRE HABRÁ UN TODAVÍA.
Siempre habrá un POSIBLE
Detrás o por encima.
Déjame pasar.
Debo seguir ahora.
Los témpanos negros
Catedrales violadas
Talismanes perdidos.
Sigo pese a los increíbles silencios,
Violines del norte
Neviscas del sur,
Con un sístole de
Antorchas despistadas
Y un diástole de
Madreperlas descubiertas.
Acá estamos todos.
Es posible que amanezca todavía.
Es posible aún que vuelva Eos
Con sus rosados dedos.
Todo es posible.
Pueden bajar las negras aguas, todavía.
SIEMPRE HABRÁ UN TODAVÍA.
Siempre habrá un POSIBLE
Detrás o por encima.
Déjame pasar.
Debo seguir ahora.
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