"... Es preciso despertar y organizar la solidaridad en tanto que necesidad biológica de mantenerse unidos contra la brutalidad y la explotación inhumanas. Esta es la tarea. Comienza con la educación de la soncienia, el saber, la observación y el sentimiento que aprehende lo que sucede: el crimen contra la humanidad. La justificación del trabajo intelectual reside en esta tarea, y hoy el trabajo intelectual necesita ser justificado." (Herbert Marcuse, Febrero, 1967- prólogo a "El hombre unidimensional")
Para conocer al pintor, al escritor, sólo debes detenerte en su obra. Siempre se trabaja alrededor de la propia vida. Ahí va lo mío.
domingo, 13 de diciembre de 2015
martes, 10 de noviembre de 2015
SUEÑO Y MATERIA
Olga Alonso
El hombre está sujeto a seguir las incitaciones aventureras de su mente científica e inventiva, y a admirarse de sus espléndidas hazañas. Carl G. Jung
SUEÑO Y MATERIA Lo primero que hace el artista, es soñar la obra. Para construir ese sueño que aún no se materializó, buscará distintos elementos: de su propia experiencia, de sus deseos, frustraciones, éxitos, amores, sentimientos de lo más variado. Las imágenes que su fantasía elabora, son previas al hecho de la materialización. Ya tiene en su mente qué cosa quiere realizar. Ahora pondrá manos a la obra, y escribirá el esqueleto de un poema, o bocetará un posible cuadro, se escuchará tarareando los compases que enseguida va a componer sobre el pentagrama, o dibujará la fachada del edificio que piensa construir.
Si el arte es preexistente, si sólo somos vehículos para que se manifieste y se convierta en partitura, en libro, en sonido, en danza, nos preguntamos cómo llegar a ese sitio para bajar alguna de las infinitas maravillas que atesora. Si ese espacio es intangible, es claro que no es con un cuerpo material como se puede ingresar en él, sino por medio del Sueño, de la Imaginación.
No es aventurado suponer que ese poema que está saliendo ahora mismo de tu pluma, va siendo soñado a medida que se crea. Si todo "eso" existe desde antes que fuéramos ameba, salir en su búsqueda puede ser más que un intento. Se convierte en obsesión: ¿Dónde encontrarlo? ¿Cómo llegar a “eso”?
EL SÍMBOLO CON SU CARGA
Las palabras o frases que utilizamos como disparadores para elaborar nuestro texto en los ejercicios, tienen una carga simbólica que moviliza nuestra imaginación.
En los talleres literarios, se suele incentivar a los participantes ofreciéndoles una palabra o frase, o bien una imagen narrada con ciertas señales, para que cada uno la utilice según sus propias intenciones. A partir de esos disparadores, cada autor sueña y realiza su obra.
La misma palabra, la misma frase, tomadas por varios autores, nos dará obras totalmente diferentes, porque una misma palabra puede motivar de distinto modo según las vivencias bajo cuyo influencia estamos en el momento de utilizarla, y no tendrán el mismo sentido, ya que al hecho creativo se sumarán las experiencias individuales.
Si de algo no nos privamos, es de soñar, ya sea dormidos o despiertos. Esa leyenda sobre la cual aún no apoyo mis ojos pero que espera ser leída, tu cuento, tu poema, son frutos. ¿Dónde estuvieron antes de ser lo que son? Y es de la copiosa producción de sueños, de donde nacen las creaciones admirables del ser humano, de cuyos frutos nos servimos sin cesar.
Cuesta hacerse cargo de que el origen de algo tan material, como el teclado que ahora mismo estoy utilizando, tuvo antes un origen intangible. La intención o el deseo de materializar un sueño, es también sueño. Dejará de serlo cuando se haya materializado, cuando sea un hecho, cuando se haya convertido en un poema, un cuento, un teclado, un edificio, una pareja.
Como ayer, hoy también: “Ser, o no ser”. Los antiguos maestros de los cuales nos alimentamos hoy, con seguridad padecieron sus interrogantes, sus dudas, y se sumergieron en sus “comas creativos” con la pasión que hoy ponemos en nuestras creaciones.
Parece ser que venimos a esta vida con una provisión de valores que desconocemos, y que seguramente nos fueron dados para que los vayamos descubriendo. Maquinarias tan complejas como nuestro cerebro, deben tener poderosas razones para “ser”.
Nuestro caprichoso pensamiento, el surgimiento imprevisto de ideas que nos iluminan y que aparecen sin aviso y nos exigen que las transformemos en materia, quedan la mayoría de las veces, perdidas “en el éter”. Atraparlas, no dejarlas escapar, pero tampoco dejarlas descansar tanto que lleguen a los dominios del olvido, es un ejercicio que no siempre logramos materializar.
Y creo que de eso se trata. Puede sonar burdo, casi como un insulto a “eso inasible” que nos acompaña en la vida, el querer convertirlo en materia, palabra ésta que tiene tantas lecturas como interrogantes. Carlos Marx y Federico Engels nos dejaron su mochila que cargamos como piedras preciosas, pero al parecer, también, inagotables, pues no dejan de multiplicarse.
Olga Alonso, Noviembre 2015
El hombre está sujeto a seguir las incitaciones aventureras de su mente científica e inventiva, y a admirarse de sus espléndidas hazañas. Carl G. Jung
SUEÑO Y MATERIA Lo primero que hace el artista, es soñar la obra. Para construir ese sueño que aún no se materializó, buscará distintos elementos: de su propia experiencia, de sus deseos, frustraciones, éxitos, amores, sentimientos de lo más variado. Las imágenes que su fantasía elabora, son previas al hecho de la materialización. Ya tiene en su mente qué cosa quiere realizar. Ahora pondrá manos a la obra, y escribirá el esqueleto de un poema, o bocetará un posible cuadro, se escuchará tarareando los compases que enseguida va a componer sobre el pentagrama, o dibujará la fachada del edificio que piensa construir.
Si el arte es preexistente, si sólo somos vehículos para que se manifieste y se convierta en partitura, en libro, en sonido, en danza, nos preguntamos cómo llegar a ese sitio para bajar alguna de las infinitas maravillas que atesora. Si ese espacio es intangible, es claro que no es con un cuerpo material como se puede ingresar en él, sino por medio del Sueño, de la Imaginación.
No es aventurado suponer que ese poema que está saliendo ahora mismo de tu pluma, va siendo soñado a medida que se crea. Si todo "eso" existe desde antes que fuéramos ameba, salir en su búsqueda puede ser más que un intento. Se convierte en obsesión: ¿Dónde encontrarlo? ¿Cómo llegar a “eso”?
EL SÍMBOLO CON SU CARGA
Las palabras o frases que utilizamos como disparadores para elaborar nuestro texto en los ejercicios, tienen una carga simbólica que moviliza nuestra imaginación.
En los talleres literarios, se suele incentivar a los participantes ofreciéndoles una palabra o frase, o bien una imagen narrada con ciertas señales, para que cada uno la utilice según sus propias intenciones. A partir de esos disparadores, cada autor sueña y realiza su obra.
La misma palabra, la misma frase, tomadas por varios autores, nos dará obras totalmente diferentes, porque una misma palabra puede motivar de distinto modo según las vivencias bajo cuyo influencia estamos en el momento de utilizarla, y no tendrán el mismo sentido, ya que al hecho creativo se sumarán las experiencias individuales.
Si de algo no nos privamos, es de soñar, ya sea dormidos o despiertos. Esa leyenda sobre la cual aún no apoyo mis ojos pero que espera ser leída, tu cuento, tu poema, son frutos. ¿Dónde estuvieron antes de ser lo que son? Y es de la copiosa producción de sueños, de donde nacen las creaciones admirables del ser humano, de cuyos frutos nos servimos sin cesar.
Cuesta hacerse cargo de que el origen de algo tan material, como el teclado que ahora mismo estoy utilizando, tuvo antes un origen intangible. La intención o el deseo de materializar un sueño, es también sueño. Dejará de serlo cuando se haya materializado, cuando sea un hecho, cuando se haya convertido en un poema, un cuento, un teclado, un edificio, una pareja.
Como ayer, hoy también: “Ser, o no ser”. Los antiguos maestros de los cuales nos alimentamos hoy, con seguridad padecieron sus interrogantes, sus dudas, y se sumergieron en sus “comas creativos” con la pasión que hoy ponemos en nuestras creaciones.
Parece ser que venimos a esta vida con una provisión de valores que desconocemos, y que seguramente nos fueron dados para que los vayamos descubriendo. Maquinarias tan complejas como nuestro cerebro, deben tener poderosas razones para “ser”.
Nuestro caprichoso pensamiento, el surgimiento imprevisto de ideas que nos iluminan y que aparecen sin aviso y nos exigen que las transformemos en materia, quedan la mayoría de las veces, perdidas “en el éter”. Atraparlas, no dejarlas escapar, pero tampoco dejarlas descansar tanto que lleguen a los dominios del olvido, es un ejercicio que no siempre logramos materializar.
Y creo que de eso se trata. Puede sonar burdo, casi como un insulto a “eso inasible” que nos acompaña en la vida, el querer convertirlo en materia, palabra ésta que tiene tantas lecturas como interrogantes. Carlos Marx y Federico Engels nos dejaron su mochila que cargamos como piedras preciosas, pero al parecer, también, inagotables, pues no dejan de multiplicarse.
Olga Alonso, Noviembre 2015
El hombre está sujeto a seguir las incitaciones aventureras de su mente científica e inventiva, y a admirarse de sus espléndidas hazañas. Carl G. Jung
SUEÑO Y MATERIA - Olga Alonso
Lo primero que hace el artista, es soñar la obra.
Para construir ese sueño que aún no se materializó, buscará distintos elementos: de su propia experiencia, de sus deseos, frustraciones, éxitos, amores, sentimientos de lo más variado.
Las imágenes que su fantasía elabora, son previas al hecho de la materialización.
Ya tiene en su mente qué cosa quiere realizar. Ahora pondrá manos a la obra, y escribirá el esqueleto de un poema, o bocetará un posible cuadro, se escuchará tarareando los compases que enseguida va a componer sobre el pentagrama, o dibujará la fachada del edificio que piensa construir.
Si el arte es preexistente, si sólo somos vehículos para que se manifieste y se convierta en partitura, en libro, en sonido, en danza, nos preguntamos cómo llegar a ese sitio para bajar alguna de las infinitas maravillas que atesora. Si ese espacio es intangible, es claro que no es con un cuerpo material como se puede ingresar en él, sino por medio del Sueño, de la Imaginación.
No es aventurado suponer que ese poema que está saliendo ahora mismo de tu pluma, va siendo soñado a medida que se crea. Si todo "eso" existe desde antes que fuéramos ameba, salir en su búsqueda puede ser más que un intento. Se convierte en obsesión: ¿Dónde encontrarlo? ¿Cómo llegar a “eso”?
EL SÍMBOLO CON SU CARGA
Las palabras o frases que utilizamos como disparadores para elaborar nuestro texto en los ejercicios, tienen una carga simbólica que moviliza nuestra imaginación. En los talleres literarios, se suele incentivar a los participantes ofreciéndoles una palabra o frase, o bien una imagen narrada con ciertas señales, para que cada uno la utilice según sus propias intenciones.
A partir de esos disparadores, cada autor sueña y realiza su obra. La misma palabra, la misma frase, tomadas por varios autores, nos dará obras totalmente diferentes, porque una misma palabra puede motivar de distinto modo según las vivencias bajo cuyo influencia estamos en el momento de utilizarla, y no tendrán el mismo sentido, ya que al hecho creativo se sumarán las experiencias individuales.
Si de algo no nos privamos, es de soñar, ya sea dormidos o despiertos. Esa leyenda sobre la cual aún no apoyo mis ojos pero que espera ser leída, tu cuento, tu poema, son frutos. ¿Dónde estuvieron antes de ser lo que son? Y es de la copiosa producción de sueños, de donde nacen las creaciones admirables del ser humano, de cuyos frutos nos servimos sin cesar.
Cuesta hacerse cargo de que el origen de algo tan material, como el teclado que ahora mismo estoy utilizando, tuvo antes un origen intangible.
La intención o el deseo de materializar un sueño, es también sueño. Dejará de serlo cuando se haya materializado, cuando sea un hecho, cuando se haya convertido en un poema, un cuento, un teclado, un edificio, una pareja. Como ayer, hoy también: “Ser, o no ser”.
Los antiguos maestros de los cuales nos alimentamos hoy, con seguridad padecieron sus interrogantes, sus dudas, y se sumergieron en sus “comas creativos” con la pasión que hoy ponemos en nuestras creaciones. Parece ser que venimos a esta vida con una provisión de valores que desconocemos, y que seguramente nos fueron dados para que los vayamos descubriendo. Maquinarias tan complejas como nuestro cerebro, deben tener poderosas razones para “ser”.
Nuestro caprichoso pensamiento, el surgimiento imprevisto de ideas que nos iluminan y que aparecen sin aviso y nos exigen que las transformemos en materia, quedan la mayoría de las veces, perdidas “en el éter”. Atraparlas, no dejarlas escapar, pero tampoco dejarlas descansar tanto que lleguen a los dominios del olvido, es un ejercicio que no siempre logramos materializar.
Y creo que de eso se trata. Puede sonar burdo, casi como un insulto a “eso inasible” que nos acompaña en la vida, el querer convertirlo en materia, palabra ésta que tiene tantas lecturas como interrogantes. Carlos Marx y Federico Engels nos dejaron su mochila que cargamos como piedras preciosas, pero al parecer, también, inagotables, pues no dejan de multiplicarse.
Olga Alonso, Noviembre 2015
miércoles, 26 de agosto de 2015
AURORA BOREAL
- Aurora… ¡me suena!
- ¿Vistesss? ¡A mi me pasó lo mismo! Como si lo conociera de toda mi vida.
- ¿Y cómo te diste cuenta de lo mío?
- Porque cuando pusiste el pocillo del café mío, lo pusiste pegado al de al lado, y ahí me di cuenta. Yo dije: al coso, al Ratón le está pasando algo.
- Y vos decís que me curan. ¿cuánto cobran?
- A la gorra. Se te quedan muy agradecidos si cuando vas llevás algún alimento no perecedero y lo dejás en la caja grande que está al costado del surtidor. Eso lo usan para los chicos carenciados.
- ¿lo llevan a las escuelas?
- No. A las escuelas no, porque los maestros se lo afanan para ellos, y los chicos ni se enteran. Así que se encargan ellos mismos de repartirlos. Hay mucha corrupción hay.
- ¿Y cómo puedo llegar hasta el…?
- El maestro. Vas a la placita, y donde ves un grupo te acercás y preguntás por el maestro, y ellos te dicen: el Gran Maestre, y te lo señalan. Es el que está fumando.
- Ah, ¿fuman?
- No. Él es el único que puede fumar.
- ¿Y qué le digo?
- No tenés que decirle nada. Él te ve, junta las manos, te saluda con una inclinación, y te invita a que lo sigas, con el gesto, ni te habla, ni precisa que le digas nada. Lo vas siguiendo y él te lleva a un costado, te hace unos pases con la mano, y te ubica en la ronda Aurora Boreal, así se llama la ronda. Vos te parás donde él te dice, y ya está.
- ¿y ya estoy curado?
- No. Primero te mira el aura, y sabe por el color qué asunto tenés, y te dice al oído un mantra.
- ¿Mantra?
- Si. Una frase secreta para vos nomás. La tenés que murmurar todo el tiempo a tu frase. ¡No sabés cómo se te contagia la energía, no sabés!
- ¿Y ya estoy curado?
- Pará. Primero te entra la energía, después él viene y te pone las manos así, y con eso se te va la mala onda, se te va. Y ahí se te cambia el color.
- ¿Mi color?
- El de tu aura. Pero vos no lo podés ver. El te lo ve, nomás. Y cuando te lo cambia vos sentís como un calorcito, y con tu frase secreta que la murmurás y la murmurás, se te duermen las manos, y tenés más fuerza para estar parado, todo de una. A veces tenés que ir tres veces a la semana, y ahí quedás curado de todo. Según lo que tengas, según.
- ¿Y nunca se le murió alguien?
- ¿Al maestre? Pobre de vos. Una vuelta vino una vieja a joder, y él se dio cuenta se dio, y le hizo imposición de manos, y la vieja se fue y nunca más volvió.
- ¿Se murió la vieja?
- No sabemos. Pero se fue para siempre.
- A la pucha. Aurora boreal, me gusta el nombrecito. Hoy sin falta me corro. Capaz que la Juanita me vuelve a casa, y capaz que me gano la lotería, y capaz que consigo laburo de algo, y en una de esas, hasta se me pasa la picazón del pelo. Aurora boreal, hoy sin falta me corro, ché. Gracias ché. Sos un hermano.
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