martes, 10 de noviembre de 2015


 El hombre está sujeto a seguir las incitaciones aventureras de su mente científica e inventiva, y a admirarse de sus espléndidas hazañas. Carl G. Jung

SUEÑO Y MATERIA - Olga Alonso

       Lo primero que hace el artista, es soñar la obra.

      Para construir ese sueño que aún no se materializó, buscará distintos elementos: de su propia experiencia, de sus deseos, frustraciones, éxitos, amores, sentimientos de lo más variado.

Las imágenes que su fantasía elabora, son previas al hecho de la materialización.

Ya tiene en su mente qué cosa quiere realizar. Ahora pondrá manos a la obra, y escribirá el esqueleto de un poema, o bocetará un posible cuadro, se escuchará tarareando los compases que enseguida va a componer sobre el pentagrama, o dibujará la fachada del edificio que piensa construir.

      Si el arte es preexistente, si sólo somos vehículos para que se manifieste y se convierta en partitura, en libro, en sonido, en danza, nos preguntamos cómo llegar a ese sitio para bajar alguna de las infinitas maravillas que atesora. Si ese espacio es intangible, es claro que no es con un cuerpo material como se puede ingresar en él, sino por medio del Sueño, de la Imaginación.

      No es aventurado suponer que ese poema que está saliendo ahora mismo de tu pluma, va siendo soñado a medida que se crea. Si todo "eso" existe desde antes que fuéramos ameba, salir en su búsqueda puede ser más que un intento. Se convierte en obsesión: ¿Dónde encontrarlo? ¿Cómo llegar a “eso”?

EL SÍMBOLO CON SU CARGA

      Las palabras o frases que utilizamos como disparadores para elaborar nuestro texto en los ejercicios, tienen una carga simbólica que moviliza nuestra imaginación. En los talleres literarios, se suele incentivar a los participantes ofreciéndoles una palabra o frase, o bien una imagen narrada con ciertas señales, para que cada uno la utilice según sus propias intenciones.
     
      A partir de esos disparadores, cada autor sueña y realiza su obra. La misma palabra, la misma frase, tomadas por varios autores, nos dará obras totalmente diferentes, porque una misma palabra puede motivar de distinto modo según las vivencias bajo cuyo influencia estamos en el momento de utilizarla, y no tendrán el mismo sentido, ya que al hecho creativo se sumarán las experiencias individuales.

      Si de algo no nos privamos, es de soñar, ya sea dormidos o despiertos. Esa leyenda sobre la cual aún no apoyo mis ojos pero que espera ser leída, tu cuento, tu poema, son frutos. ¿Dónde estuvieron antes de ser lo que son? Y es de la copiosa producción de sueños, de donde nacen las creaciones admirables del ser humano, de cuyos frutos nos servimos sin cesar.

      Cuesta hacerse cargo de que el origen de algo tan material, como el teclado que ahora mismo estoy utilizando, tuvo antes un origen intangible.

      La intención o el deseo de materializar un sueño, es también sueño. Dejará de serlo cuando se haya materializado, cuando sea un hecho, cuando se haya convertido en un poema, un cuento, un teclado, un edificio, una pareja. Como ayer, hoy también: “Ser, o no ser”.

      Los antiguos maestros de los cuales nos alimentamos hoy, con seguridad padecieron sus interrogantes, sus dudas, y se sumergieron en sus “comas creativos” con la pasión que hoy ponemos en nuestras creaciones. Parece ser que venimos a esta vida con una provisión de valores que desconocemos, y que seguramente nos fueron dados para que los vayamos descubriendo. Maquinarias tan complejas como nuestro cerebro, deben tener poderosas razones para “ser”.

      Nuestro caprichoso pensamiento, el surgimiento imprevisto de ideas que nos iluminan y que aparecen sin aviso y nos exigen que las transformemos en materia, quedan la mayoría de las veces, perdidas “en el éter”. Atraparlas, no dejarlas escapar, pero tampoco dejarlas descansar tanto que lleguen a los dominios del olvido, es un ejercicio que no siempre logramos materializar.

      Y creo que de eso se trata. Puede sonar burdo, casi como un insulto a “eso inasible” que nos acompaña en la vida, el querer convertirlo en materia, palabra ésta que tiene tantas lecturas como interrogantes. Carlos Marx y Federico Engels nos dejaron su mochila que cargamos como piedras preciosas, pero al parecer, también, inagotables, pues no dejan de multiplicarse.

                                                                           Olga Alonso, Noviembre 2015

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