sábado, 12 de diciembre de 2009

MATADEROS ¿Barrio tomado?

BARRIO TOMADO

Las noches más sombrías
de la especie humana.


Todo el vecindario lo sabe. Primero aparecen bolsas de arena en las veredas, luego fantasmas casi invisibles que arreglan el interior haciendo muchas veces un sobrepiso en las terrazas, se arreglan bien las aceras (son las más prolijas) y en pocos días comienzan a funcionar los talleres clandestinos, con tubos de luz encendidos toda la noche. Al pasar cerca de una ventana se oye una radio o un televisor funcionando todo el día. Cualquiera que pase por ahí, puede imaginar una casa donde la familia está reunida en el comedor mirando la tele. Pero es sólo una puesta en escena para disimular lo que realmente está ocurriendo adentro. ¿Y qué es lo que está ocurriendo adentro de estas viviendas especiales, donde nadie entra o sale, o lo hacen subrepticiamente, mirando hacia todos lados, sospechando de todo el mundo, arrojando en los contenedores alejados montones de retazos de tela colores o recortes de cuero?

Todo el vecindario lo sabe o lo sospecha: Mataderos se ha convertido en un barrio tomado. No se trata de alguna nueva familia que se ha mudado a ese domicilio. Si así fuera enseguida se sabría. En cuestión de horas ya se tendría información sobre cuántos son de familia, si hay chicos, si tienen auto, dónde hacen las compras, etc. Pero en estos casos, el misterio total los rodea. A veces sale alguien con un chico que es llevado al colegio, pero adentro sigue funcionando la cama caliente, y el horror del hacinamiento y la superexplotación de grandes y chicos.

Cómo encarar el tema
Quizá haya intenciones de encarar con valentía el tema. Ante todo, tener seguridad acerca de lo que se sospecha. Luego obtener permisos legales para la inspección del lugar.

Y luego ¿Qué?
Suponiendo que se compruebe que estos sitios son establecimientos ilegales en los cuales hay muchísima gente indocumentada trabajando noche y día sin cesar, alimentándose pésimamente, durmiendo en lugares insoportables, ¿qué puede hacerse al respecto?
La mayoría de los seres así explotados, vienen de lugares de más miseria aún, y en este sitio tienen al menos dónde dormir y algo para comer, pagando con trabajo. Sabemos que lo que producen es mucho, y sólo reciben techo y comida. Pero no quieren perder esto.
Un allanamiento legal - no siempre realizable - significaría que esas personas serían sacadas de ese lugar, sus patrones serían castigados, y el lugar clausurado. Pero luego, ¿Qué?
Ignoro cuánta gente trabaja en el interior de esos sitios que los vecinos ya señalan con el dedo. Pongamos una cifra por ponerla: veinte personas. En pocas manzanas hemos contado alrededor de seis lugares misteriosos que trabajan toda la noche. A razón de veinte por sitio, sumarian ciento veinte personas. ¿Qué se hace con ellos? ¿Se les dará alojamiento y comida hasta resolver la cuestión legal de su documentación? ¿Se les proporcionará trabajo? ¿Dónde? ¿Qué tipo de trabajo? ¿En qué condiciones? ¿O se los dejará caer debajo de algún puente para que sobrevivan como puedan?

Hablamos de ciento veinte personas, pero sabemos que debe haber muchísimas más en esta situación. Hablamos de sólo un barrio, de sólo unas manzanas, pero sabemos que esto está multiplicándose como hongos. Ya es un problema hacerse cargo de las hipotéticas ciento veinte personas para darles alojamiento y comida, documentarlos y proporcionarles trabajo, ¿Cómo hacer para responsabilizarse por un mal que va pareciéndose cada vez más a un cáncer que todo lo corroe?

Quizá el primer paso sería obligar a los actuales esclavistas que son quienes se llevan la ganancia de lo producido en los "talleres", a mejorar las condiciones de vida y de trabajo de sus esclavos, a blanquear el taller, a dar la cara. Esto sería el final de sus enormes ganancias. Quienes actúan en este sistema de superexplotación, están organizados de modo tal que pueden ingresar al país de modo clandestino a los indocumentados víctimas de la miseria, en condiciones de esclavitud. Tienen montado un aparato que les permite hacerlo con impunidad. No lo sabemos, no tenemos pruebas, pero es fácil deducirlo. De otro modo no podrían hacerlo.

Acabo de encontrar un informe del 19 de julio del cte. año, de el diario Popular, y copio un fragmento a continuación:

Bolsa de trabajo esclavo: por día reclutan a más de 1.000 inmigrantes
En la actualidad, se calcula que son 30.000 los obreros esclavizados en la zona Metropolitana de Buenos Aires y alrededor de 1.000 los inmigrantes sin papeles (80% bolivianos y 20% paraguayos) que diariamente sirven de mano de obra ideal, por lo barata y efectiva, para decenas de “empresarios” de cualquier rubro.

La nota amplía detalles escalofriantes. También encontré otros informes, uno de Clarín; otro de Página 12 del 31 de marzo de 2006, que detalla la investigación que pudo hacerse al incendiarse uno de estos talleres clandestinos en Caballito, donde murieron dos adultos y cuatro niños de origen boliviano. En el lugar habían trabajado entre cincuenta o sesenta familias de bolivianos. En este caso el local estaba habilitado para tareas de bordado y otras actividades textiles.

Sabíamos que esto estaba ocurriendo, pero ahora lo estamos viendo a nuestro alrededor, como si Mataderos fuera un lugar especial. Los vemos pasar mirando hacia arriba, hacia los techos, evaluando qué propiedad puede interesarles, seguramente encuentran el modo de vincularse con los dueños que desean alquilar o vender. Los vecinos sospechan que son corridos de otros barrios que buscan refugiarse por aquí.

Los dueños de los talleres, están escondidos. Tienen sus representantes que se ocupan del trabajo sucio. Ya hubo un par de casos en que algunos vecinos se sintieron amenazados. Mientras tanto, siguen señalando con el dedo esos lugares misteriosos donde ocurren cosas espantosas bajo la forma exterior de una casa de familia.

Ignoro de qué modo pueden las instancias de poder abordar estos delicados temas. Ignoro si ya hay una estructura especial que investiga estas cuestiones. Lo cierto es que en cada barrio está ocurriendo lo mismo, bajo nuestros propios ojos. Bastará con recorrerlos en auto de noche, y ahí se verán los tubos encendidos.

Entretanto, como hormigas van ingresando esa enorme cantidad de vidas que llegan al país ocultos por sus propios carceleros. Traídos desde la miseria, llegan los parias de este mundo, en las más profundas sombras de la noche, en las noches más sombrías de la especie humana.

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