domingo, 18 de octubre de 2009

NOCHE DE BAR

NOCHE DE BAR

Ella siempre se sienta frente a mi. Echa una ojeada rápida y de paso mira a los que están a sus espaldas.
Acomoda el saco, un paraguas, un bolso y vuelve a mirarse en mí. Se retoca el pelo, la comisura de los labios, y está tan distraida que no ve que el mozo está esperando su orden. Ya lo vio. Cafe doble como siempre, con crema. Vuelve a mirarse en mi. Se retoca el pelo otra vez, Gira la cabeza un poco hacia un lado, un poco hacia el otro, para verse de costado. Levanta la mano derecha y pasa un mechón de pelo detrás de su oreja derecha mirándose en mi superficie que hoy está mejor que nunca. Le devuelvo la imagen invertida: mano izquierda, oreja izquierda. No puedo hacerlo de otro modo.
Le traen el café, dice gracias, toma el sobrecito con azúcar y lo sacude toc toc toc, le corta un borde y deposita el azúcar con la mano derecha, pero yo tengo su imagen en mi interior, y la mano que levanta dentro de mí, es la izquierda. El café casi se vuelca con el agregado de azúcar. Ahora tomará otro sobrecito. Ahí está. Hace lo mismo y tal como lo pensé, el café desborda. Saca del servilletero varias hojas. A que ahora levanta el pocillo: ahí está. A que pone las servilletas sobre el plato . ¿No te dije? Apoya el pocillo y las servilletas se manchan con el café del plato. Se sirve una galletita, y mientras la mastica, revuelve el azúcar con la cucharita. A que ahora le pega una lamida a la cucharita: Tomá. Otra galletita, y ahora sí el ritual de costumbre: primero levantará con la cucharita la crema que flota y al buche. Recién ahora lleva el pocillo a sus labios, y deja la marca de rouge, se mira en mi, agrega el tercer sobrecito de azúcar, si yo ya lo sabía, en lugar de café con azúcar, es azúcar con café, toma de un trago lo que queda, y con la cucharita recoge el azúcar del fondo y la paladea como si fuera crema. A esta altura se pone triste como de costumbre. Siempre sola. Dentro de un rato saca el celular con la izquierda (yo le devuelvo la derecha) picotea los números con la derecha (yo le devuelvo lo mismo con la izquierda, y todo va sucediendo puntualmente hasta que harta de que nadie le conteste los llamados, se enoja, junta sus cosas de un tirón, espero que no se vaya sin mirarme, chau hermosa, los hombres son todos idiotas.

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