lunes, 9 de noviembre de 2009

CHICOS CON NAVAJA

CHICOS CON NAVAJA


Surge ella la navaja asesina en la pantalla

forma y espíritu filo veloz

vuelo inconsciente campo de miedo

y hombres que subrayan.
Subrayan cosas invisibles
con voz disonante falsamente vibrada como segura.
Son también ellos hombres de la semana
con trajes oportunos y cuellos impecables.

Suelen empuñar un orgulloso caduceo tambaleante y viejo.

Giran el rostro hacia un lado

despavoridos ojos hacia el otro
mirando a la reina
que se mueve ligero en el aire ¡zum! ¡zum!

Se los ve hablar, sus bocas tiemblan rapidez disimulada,
sus brazos y ojos no paran nunca,
sus cerebros no descansan.
Saben decir cosas en voz muy alta, que no todos entienden.
Es importante que no todo se entienda,
por ese asunto de los suicidios.

Ahí están los crímenes también atados

irremisiblemente atados al pan ausente

al error del pan ausente -el-pan-ausente

al que aluden con frecuencia densa, baja,
aunque impotentes acaban capturados
en sueños de exterminio.

Tienen sus buenas vidas que lucen con orgullo
pues han logrado erguirse sobre sus patas traseras
y se sienten afortunados pero no tanto.
Su expresión parece recordar cierto miedo animal,
como algo terrible que pudiera, todo está bien, está bien,
lo lograremos con rigor y misericordia. En ese orden.

No quiero estar en su pellejo.

Se creen destacados divinos convocados
para armonizar el universo sinfónico de Pitágoras
y ejecutar el habla de su música de las esferas.

No quiero estar en su pellejo. Están puestos a prueba.

En largas filas circulares, se sientan todos los días
para tratar de combatir ese sonido microcósmico inquietante
previsto en los Libros Sagrados.
Analizan... elucubran... discuten... votan. Estudian.
Algunos estudian mucho y alcanzan la experiencia sutil
de la Palabra.
Otros están como en sueños.
Si logran despertar, siempre tendrán su banca segura.

Eso creen.

Con suerte a la salida
habrá un periodista que les haga preguntas.
Con suerte
alguien comentará su proyecto en televisión.
Compartir la idea de un proyecto imposible, ayuda a creer en él.

Pero ahí está la navaja ¡zum! ¡zum! ¡zum!

Y ella los divide, los cortajea, los asusta:
¿Cómo voy a arreglar lo de la navaja?
¿Lograremos un acuerdo?
¿Tendrá arreglo esta cosa?

Ahí te quiero ver : ¡zum! ¡zum! ¡zum! ¡FAH!

INVERSIÓN DE SÍMBOLOS

Los chiquilines de cara arrugada y nocturna
siembran el terror con sus navajas.
Peligrosos, van llegando como las golondrinas.

Algunos pocos saben decir mamá.

casi ninguno dice papá.

Están decorados con cicatrices de guerra:
una quemadura,
un tajo,
ausencia prematura de algún diente.

En largas filas onduladas
los más pequeños
se acercan con bolsitas de plástico hasta las triperías.
Con suerte
llevarán a la mesa lo que caiga de los camiones.
Con suerte
nadie les quitará su botín o su navaja.

Desde lejos,
gordas y desdentadas mujeres los escoltan.

Los más grandes, consiguen drogas y pistolas.

También usan bolsitas de plástico.
Huelen pegamento en ellas
y son llevados al sueño.
Si logran despertar, tendrán siempre su “juguete rabioso”.

Nadie los ha besado.

Nadie los acaricia jamás.

- Acaso ni lleguen a ser hombres de la semana algún día -
… dice mi vecina tomándose el mentón.
Yo le repito al oído:

Nadie los ha besado.

Nadie los acaricia jamás.

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